La noche del sábado 26 de abril al domingo 27 nos quedamos con una hora menos. Nos despertamos con la calle mojada y la duda de que tiempo tendríamos durante el domingo. Una vez todos los participantes llegaron al punto de información a la hora prevista, nos dirigimos, como ya viene siendo costumbre, a la venta el Frenazo. Se sirvieron cafés, descafeinados, té con canela y mucho pan tostao con aceite, tomate, manteca…
Después de algún pequeño despiste de alguno de los participantes al coger la salida de la A-381 que nos conduciría a la finca Murta, a las diez y media pasadas ya estábamos saltando el acceso al carril desde donde se iniciaba la ruta.
Para entonces, el cielo estaba casi despejado y todo apuntaba a que disfrutaríamos de un día excelente. El primer tramo de la ruta por carril y sin apenas pendiente dio tiempo para que el grupo entablase conversación y nos conociésemos un poco más. 

Al finalizar el tramo de carril, primera etapa de la ruta de una hora aproximada de duración, los cuerpos ya estaban templados y listos para comenzar el ascenso por la Garganta del Agua y culminar el nacimiento del río Palmones y el Arco de la Ora. El ascenso fue tranquilo y bello. Tuvimos la constante compañía del sonido del agua, aunque el canuto no fuese siempre visible. Apreciamos el paisaje selvático a punto de ebullición que tanto caracteriza al Parque de Los Alcornocales. Y digo a punto de ebullición porque se intuía mirando a la naturaleza que teníamos delante, que el próximo mes de mayo el campo habrá eclosionado y todo tipo de colores saltarán a la vista.
El último repechón por el Pinar nos costó un poco, pero sabíamos que el final de la subida estaba cerca y que allí esperaba el Arco de la Ora y un buen bocata. Eran las 13.30.
En poco más de media hora ya estábamos otra vez caminando y cubriendo la tercera etapa. Fue está quizás la más sosa, casi todo el tiempo por carril o cortafuegos pedregosos, con pendiente descendiente pronunciada. Estábamos bajando para encontrarnos con la garganta del Parroso. Hubo, no obstante, tiempo para disfrutar de bonitas vistas al pantano y de ver algún resbalón durante la bajada.
Durante la parada de unos 20 minutos como preludio a la cuarta y penúltima etapa, Mari Carmen participante de esta ruta y profesora de biología, aprovechó para hablarnos de las particularidades del alcornoque, el quejigo, el rododendro y de la flora típica de los canutos, fenómeno geográfico único de la sierra Cádiz en toda Europa. 

Su didáctica quizá nos sirvió para que en la penúltima etapa abriésemos un poco más nuestros ojos a lo que se nos mostraba. Fue en mi opinión la más bella y tranquila de las etapas. Sin apenas pendientes, con abundante vegetación en los márgenes de un sendero bien despejado y claro en el que era difícil perderse. Había también largas zonas de bosques en galería y esta vez sí, el canuto era visible en casi la totalidad del trayecto. Ver el agua correr es siempre un pasatiempo delicioso.
Por último, conectamos de nuevo con el carril desde el que comenzamos y que nos devolvió al punto de partida. Allí aprovechamos para hacernos unas fotos de grupo y despedirnos.
Hasta la próxima!!
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